lunes, 24 de septiembre de 2018

8-La práctica política matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


Hoy: Política matriarcal en las nuevas comunidades

 Una nueva comunidad puede ser considerada como aldea simbólica – en algunos casos forma una aldea real – y los grupos específicos en ella, que se han formado como comunidades de afinidad electiva de hermanas y hermanos, son los clanes simbólicos. Estos últimos forman una comunidad de trabajo y tienen un tesoro de clan común, es decir que tienen un interés y una responsabilidad comunes. Una vez creada una estructura de este tipo, las ventajas de la política matriarcal de consenso pueden tener sus efectos. No es la asamblea general de la nueva comunidad la que tiene que decidir sobre todas y cada una de las cuestiones, sino que el consenso se forma de manera estructurada: Empieza en los grupos pequeños de los clanes simbólicos, cuyos miembros tienen una sólida base de confianza a causa de la afinidad electiva. Por eso es fácil mantener el principio de consenso. Aquí cada uno tiene la ocasión de hablar, a diferencia de una asamblea general, donde normalmente dominan los buenos oradores. Además, no tardan mucho en llegar a un consenso porque el tamaño del grupo es reducido. Al mismo tiempo se ve que no todas las decisiones o todos los conflictos afectan a todos: Los asuntos personales y los del clan permanecen en el clan, los asuntos de la aldea, en la aldea. Además existe el nivel regional o suprarregional de las relaciones entre las “aldeas”, es decir entre las distintas comunidades.

 Los consejos de los matri-clanes simbólicos, de las aldeas simbólicas y de la “tribu”

 En los clanes, los consensos se forman primeramente por separado entre mujeres y entre hombres. Esto conviene sobre todo en la actualidad, porque se suele prestar poca o ninguna atención a la perspectiva de las mujeres. La matriarca elegida dirige el consejo de mujeres del clan simbólico, y el sachem elegido (“jefe de paz”) el consejo de hombres. Después se unen las dos partes, y bajo la dirección común de la matriarca y del sachem el clan encuentra su consenso. Si se trata del nivel de la aldea o de la tribu, los delegados entran en función. No se recomienda que se elijan sólo mujeres o sólo hombres, porque esto serviría para alimentar antiguos o nuevos clichés de los roles de género. La mejor variante es que la matriarca y el sachem compartan la representación del clan en el consejo de la aldea, es decir la asamblea de la comunidad. De este modo se garantiza que la perspectiva diferente tanto de las mujeres como de los hombres se tenga en cuenta también en el consejo de la aldea. En el consejo de la aldea o de la comunidad hablan únicamente los delegados de los clanes, pero todos escuchan. Eso de escuchar tiene una función importante, pues de esta manera se controla la política de los delegados para que se limiten a lo que es su deber: aportar información, sin tomar decisiones. Hoy en día no estamos acostumbrados a este sistema, pues a algunas personas les gusta bastante delegar la decisión y otros se apoderan de ella. Pero se puede aprender, practicándolo en las asambleas de la aldea, si, por un lado, se escucha con atención y, por otro (los delegados), se transmite el cometido. Igualmente se aprende a integrar todas las opiniones. Pues en cuanto la deliberación vuelve a los clanes, cada persona es invitada a tomar en consideración las opiniones de los otros clanes y a integrarlas en las propias. Si, al final, en la aldea se logra formar el consenso de manera estructurada, la ventaja es que todos los miembros de la comunidad “actúan como una persona” (dicho de los minangkabau). Se evitan, de esta manera, los conflictos derivados del comportamiento dominante y de los sentimientos de inferioridad, de los intentos de desintegración y de las pruebas de fuerza, así como de la formación de bandos y las intrigas. Si se trata de las relaciones regionales o suprarregionales hacia otras comunidades, la formación del consenso se consigue de la misma manera: Del nivel del clan va al de la aldea, y de éste pasa al nivel regional. Igual que se procede entre los niveles de clan y de aldea a través de los delegados, así se hace entonces entre los niveles de la aldea y de la región a través de los delegados de las aldeas. Se recomienda que tampoco en este nivel se elijan los delegados de un solo sexo, sino mejor de los dos: Una matriarca y un sachem representan juntos la aldea o la comunidad entera en el consejo regional. Allí se encuentran con los delegados femeninos y masculinos de las otras comunidades para intercambiar informaciones. 

Consejos específicos para la resolución de conflictos

 También en las nuevas comunidades, el “consejo de sabios” es imprescindible para resolver conflictos entre los clanes. Las mujeres y los hombres mayores elegidos para integrar este consejo, a partir de los 50 años más o menos, ya no pueden participar en los consejos del clan o de la aldea, porque forman una tercera instancia que es independiente, el “consejo de sabios”. Sólo gracias a su no participación en las decisiones de los clanes o de las aldeas pueden fomentar la paz entre los clanes en caso de conflictos graves. Además, mantienen relaciones con las personas de los “consejos de sabios” de las otras comunidades y pueden aprender de sus experiencias para restablecer la paz, o transmitirles las suyas. Pueden, incluso, ser invitados a acudir al “consejo de sabios” de otra comunidad para colaborar como externos en la resolución de sus conflictos. Al contrario de otros consejos, el “consejo de sabios” es “permeable”, es decir que no está limitado a la propia comunidad. Esto tiene una gran ventaja si en el nivel regional (o incluso suprarregional) las distintas comunidades intentan intercambiar ideas, incorporar novedades o cooperar. Aquí los miembros del “consejo de sabios” pueden ofrecer inspiración, dar impulsos, o intermediar regionalmente y restablecer la paz. Además es importante instalar en cada aldea o cada comunidad, específicamente, un “consejo de mujeres” y un “consejo de hombres”. De esa manera, los diferentes modos de ver las cosas de mujeres y hombres nunca se borran y se mantiene la diversidad de las perspectivas. En el “consejo de mujeres” o en el “consejo de hombres” se reúnen las mujeres o los hombres de una comunidad para intercambiar abiertamente sus pensamientos con sus congéneres, para reflexionar conjuntamente y para evaluar determinadas ideas, temas o principios generales. Así se pueden asegurar con toda tranquilidad de sus diferentes modos de ver el mundo. Con todo esto, hay que decir que el “consejo de mujeres” o el “consejo de hombres”, o el “consejo de sabios”, no toman decisiones, sino que juegan el papel de encontrar ideas y dar impulsos. Sus pensamientos, no obstante, tienen influencia sobre las decisiones del consejo de clan. Igual que el “consejo de sabios”, el “consejo de mujeres” y el “consejo de hombres” deben de ser permeables hacia el nivel supra-/regional, es decir que invitan a mujeres y hombres de otras comunidades y, a la inversa, son invitados por estos. De este modo, las ideas acerca de la situación específica del género permanecen presentes más allá de los límites de la propia comunidad. Pueden surgir y transmitirse ideas nuevas, y los modelos patriarcales tanto en los hombres y como en las mujeres pueden ser descubiertos y superados fácilmente. Esto también fomenta la paz. 

7-La práctica política matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


3. En las sociedades matriarcales, la política no es un ámbito separado en el cual los partidos, parlamentos, senados, gremios y gobiernos actúan habitualmente como si las ciudadanas o ciudadanos no existieran. Cada cuatro años los redescubren, los contentan con eslóganes y esperan una decisión consistente en marcar una cruz en una papeleta de voto – como si fuesen analfabetos. En cuanto al contenido, no tienen nada que decir, resultando la democracia actual meramente formal. Las decisiones reales se toman en otro sitio, pero no por el pueblo. En las sociedades matriarcales, en cambio, la democracia directa perfecta regula todas las decisiones, y la política consiste en ser el asunto de cada persona, puesto que se fundamenta en el consenso estricto y en la unanimidad de todos los miembros de una determinada comunidad. Puede tratarse de la comunidad del clan en un hogar, la comunidad local de la aldea o la comunidad de la tribu en una región entera.
 El consenso se consigue siguiendo dos principios fundamentales: la limitación del tamaño y la formación de consenso de manera estructurada. La limitación del tamaño se refiere sobre todo a una población matriarcal, que no sobrepasa el tamaño máximo de tres mil personas. Pues cada poblado es una aldea república autónoma. Más allá de este tamaño se pierde la transparencia y se hace imposible conseguir un consenso ya que la política de la tribu de una región se basa en las decisiones que se toman en las aldeas. En las distintas aldeas, a su vez, la política se basa en las decisiones de los diferentes clanes, y en éstos deciden todas las personas juntas. De esta manera, cada persona participa en el proceso, trátese de decisiones en el ámbito del clan, de la aldea o de la tribu.

 La formación de consenso de manera estructurada 

Este sistema es significativo, pues es la única democracia directa perfecta que funciona, y eso ocurre gracias a la invención de la formación de consenso de manera estructurada, que seguidamente paso a describir. Cualquier política matriarcal se basa en el consejo del clan, que es la asamblea de todos los miembros adultos en un hogar. Los jóvenes cuentan a partir de los 13 años como miembros plenos del consejo. En él se hace la política real, de allí salen todas las decisiones y luego vuelven a él. Al principio discuten separados por géneros. Las mujeres hablan entre sí y encuentran su consenso sobre determinado asunto, los hombres hacen lo mismo por su lado. Es decir, las personas no aparecen como “individuos” neutros y asexuados en grupos difusamente mixtos. Las sociedades matriarcales actúan siendo conscientes del hecho de que el mundo consta de Dos: hombres y mujeres. Gracias a esta primera decisión tomada por separado no se pierde nunca la diferencia entre la perspectiva de las mujeres y aquella de los hombres, cosa común en el patriarcado. En éste las decisiones son tomadas para “todas las personas”, pero normalmente por los hombres y pensando en ellos, pues en el patriarcado únicamente el hombre vale como persona y la mujer es sólo una anomalía que tiene que someterse a lo “humano en general”. Después de haber discutido por separado, las mujeres y hombres del clan se juntan y llegan a un consenso común. La matriarca dirige la asamblea del clan y ayuda con su consejo a encontrar el consenso. Su consejo es respetado, pues ella es la instancia más digna de confianza, pero al tomar la decisión tiene solamente un voto como todas las demás personas. Si se trata de una decisión referente sólo al clan, el procedimiento termina aquí, ningún consejo de aldea se mete en los asuntos del clan. Si se trata, sin embargo, de una decisión a nivel de la aldea, el procedimiento continúa.

 Los consejos del clan, de la aldea y de la tribu

 Cuando los diferentes clanes han llegado cada uno al consenso, envían a sus delegados al consejo de la aldea para que defiendan sus decisiones. Estos delegados pueden ser la misma matriarca o su hermano más prestigioso como representante elegido del clan, el sachem (“jefe de paz”), o los dos juntos – respecto a esta cuestión se encuentran diferentes modalidades. Estos delegados, no obstante, son únicamente los portavoces del clan, y no pueden tomar decisiones, como es el caso de los diputados parlamentarios en nuestra democracia, donde los votantes delegan su voto en aquellos, que luego tampoco pueden decidir gran cosa. En el matriarcado en cambio nadie delega nada en otros - ¡sería inimaginable! En el consejo de la aldea, los delegados de los clanes se reúnen públicamente. Todos pueden escuchar y controlar lo que dicen los delegados, pero no todos hablan. El consejo de la aldea ya es demasiado grande para dar la palabra a todos y cada uno – para eso existe el consejo del clan. En el consejo de la aldea, los delegados se limitan a intercambiar la información de cómo han decidido los distintos clanes, nada más. Si hay consenso, entonces el procedimiento de toma de decisiones en el nivel de la aldea ha finalizado. Si resulta que todavía no hay consenso, los delegados vuelven a sus respectivos hogares y comunican el estado de las cosas. Ahora las deliberaciones empiezan de nuevo en los hogares, teniendo en cuenta las decisiones de los otros clanes, hasta que se encuentre un segundo consenso. Otra vez se reúnen los delegados en el consejo de la aldea para juntar y deliberar estas decisiones. Van y vienen como informantes entre los consejos de la aldea y del clan, tantas veces hasta que se haya encontrado la unanimidad de todos los clanes en el nivel de la aldea. De la misma manera funciona el sistema en el nivel de la tribu: Si una decisión se refiere a toda la región de la tribu, las deliberaciones empiezan, igualmente, en los hogares de las distintas aldeas hasta que las aldeas hayan llegado a un consenso. Después, todas las aldeas eligen a sus portavoces, que en este nivel suelen ser hombres puesto que a veces tienen que realizar un largo viaje hasta llegar al consejo de la tribu, mientras que las mujeres no abandonan los hogares ni las tierras del clan, los centros más importantes de su sociedad. Los delegados de las aldeas se reúnen en el consejo de la tribu, pero igual que antes, no pueden tomar decisiones, sino que únicamente comunican a los demás los consensos de sus distintas aldeas. Si las decisiones no coinciden, vuelven a sus aldeas e informan al consejo de la aldea sobre el estado de las cosas. Los delegados de éste vuelven a sus casas, dan el informe, y las deliberaciones empiezan de nuevo en todos los clanes de todas las aldeas de la región. Los delegados de las aldeas van y vienen entre el consejo de la tribu y de la aldea, hasta que se haya encontrado el consenso de todos los clanes de todas las aldeas de la región. Los clanes son siempre la primera y la última instancia, pues en ellos la política retorna a los que verdaderamente toman las decisiones, es decir a cada individuo. Por medio de esta estructura de formar consensos funciona la democracia directa matriarcal. La política matriarcal siempre es una política del consenso y no permite que se formen modelos de ejercer el poder. Un sexo no puede dominar sobre el otro, tampoco se pueden formar clases, menos aún puede concentrarse el poder sobre los demás en manos de unos pocos (oligarquía) o de una única persona (monarquía).

 Solución de conflictos

 La política de consenso ya resuelve una serie de conflictos que sin ella estarían bastante extendidos. A pesar de eso, también aquí existen conflictos, pues los miembros de las sociedades matriarcales no son más que humanos con sus debilidades. Tienen, sin embargo, sus métodos específicos de resolverlos: En conflictos entre individuos, los otros miembros del clan ayudan a remediarlo, no hace falta que toda la aldea se ocupe del caso. En conflictos entre clanes, los otros clanes ayudan a resolverlos. Las sociedades matriarcales, además, conocen el “consejo de sabios” en los niveles de las aldeas y de la tribu, que reúne a los hombres y mujeres más mayores para mediar en situaciones de crisis y recordar los valores éticos de la comunidad. Por eso, el “consejo de sabios” es una especie de consejo de paz. Si los conflictos entre los clanes resultasen, a pesar de todo, insuperables, no llegarían a una guerra civil como las sociedades patriarcales. El clan que quiere vivir de un modo diferente que la comunidad restante de la aldea se marcha y se asienta en otro lugar de la región. Allí vive en una aldea propia según sus ideas, mientras que las relaciones amistosas con la aldea de origen se reanudan y se fomentan a través de visitas mutuas. La aldea o ciudad joven se entienden como “aldea filial” o “ciudad filial” frente a la “aldea materna” o la “ciudad materna”. Con estos conceptos se vuelven a anudar los lazos de parentesco simbólico según la matrilinealidad, lo que conduce a visitas regulares de honor de la gente de la “ciudad filial” a la de la “ciudad materna”.

6-Economía matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


Acerca de la economía entre los clanes simbólicos

 Los clanes de afinidad electiva se ayudarán económicamente en una nueva comunidad, pues forman un sistema de ayuda mutua. En actividades y fiestas comunes, la economía de equilibrio matriarcal del regalo puede entrar en vigor también en este nivel. Actividades y fiestas se patrocinan por los distintos clanes de manera distinta según sus posibilidades, siguiendo el principio de quién tiene más, da más. En el caso de que aquellos que antes daban más pasasen estrecheces económicas, les tocaría a los demás clanes aportar más. Esto hace circular los bienes y el dinero traspasando las fronteras de los clanes y llevando, bien manejado, de nuevo al equilibrio entre los clanes, siendo el deber de todos los miembros en la comunidad vigilar por que este equilibrio se produzca permanentemente. Esto es un reto interesante que exige capacidad de combinación, discutiendo las reglas generales una y otra vez en la práctica. Es un fin deseable hacer innecesario el uso del dinero como medio de canje dentro de la comunidad. Este puede ser sustituido poco a poco por el intercambio de bienes y la prestación de servicios. Entonces el dinero sólo vale “fuera”, para asuntos más allá de la comunidad que tienen que ser pagados con dinero. Para este fin todos los clanes pueden crear un tesoro común, según los mismos principios de un tesoro de clan. Este tesoro se confía al “consejo de sabios”, que es un grupo elegido de entre las mujeres y hombres más mayores de todos los clanes. Éste, en analogía al tesoro de clan, solamente administra el tesoro comunal, puesto que es el consejo de toda la comunidad el que decide sobre los gastos. En este modo de obrar en todos los niveles se encuentra un elevado valor emocional. Pues así se empieza a regalar de manera ponderada y creativa para el bien de toda la comunidad. Esta conducta de regalar sin condiciones, que no tiene nada egoísta, estrecha y refuerza los vínculos emocionales dentro de toda la comunidad. Se honra tanto en el caso de los individuos como en el caso de los clanes. Al fin y al cabo es la conducta maternal, de la misma manera que la madre tierra les regala a los humanos todo lo que necesitan para vivir. En la economía patriarcal, en cambio, la tierra es explotada como materia prima gratis, semejante a la explotación de las mujeres como madres. Pero en la economía matriarcal la conducta maternal de regalar es el valor más apreciado. Por eso, una matriarca, un sachem o un clan son más venerados si actúan “como una buen madre” (dicho de los minankabau, Sumatra). La afectuosidad maternal en las sociedades matriarcales nada tiene que ver con el sentimentalismo tardoburgués, sino que es un factor económico y a la vez social.

 Acerca de la economía entre las nuevas comunidades

 Obviamente la economía del regalo sólo puede funcionar en un circuito cerrado. Hoy en día ya no vivimos en una cultura matriarcal, sino en una sociedad con reglas muy distintas. En un clan o una comunidad que se entienden como un grupo cerrado las cosas están claras. Entre dos o más comunidades, no obstante, se plantea más difícil realizar la economía matriarcal. Aquí, de antemano, hace falta comprometerse mutuamente a la economía matriarcal para una actividad o una fiesta regional que se llevará a cabo comúnmente. Ésta vale sólo para el período convenido, pero admite más posibilidades que si cada comunidad obrase por sí sola o si las comunidades compitiesen entre sí. En caso de que se haya tomado un acuerdo vinculante, para este período determinado valen las mismas reglas de la economía de equilibrio por regalo que en el interior de una comunidad: Quien tiene más, da más. Todos los clanes de las comunidades que cooperan lo respetan. Los elementos esenciales siguen siendo la transparencia de las actividades económicas y el honor que se merecen aquellos que regalan. Si esto se logra, merece una fiesta en la que se celebra la propia acción de regalar, igual que lo hicieron las mujeres hopi en Arizona en su cultura tradicional con el Give Away Festival, tirando los frutos de su agricultura y los productos de su artesanía a la multitud de los espectadores divertidos, que en parte ni siquiera pertenecían a su cultura matriarcal. Con esto regalaron, simbólicamente, al mundo entero. 

5-Economía matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


2. En el nivel económico, los matriarcados son sociedades de equilibrio que se basan en una economía del regalo. Su economía de equilibrio no permite la división entre pobres y ricos, pero produce un bienestar moderado para todos. El contrario de la economía de equilibrio es la economía de acumulación en las sociedades patriarcales. En ellas, unos pocos poderosos -quienes han llegado a serlo por las armas, el dinero y las estructuras económicas- se quedan con la mayor parte de los bienes existentes que les han quitado a la mayoría de los hombres por presión directa o indirecta. Mientras para la primera vale el principio de “dar y tomar ”, para la última vale el precepto rapaz de “tomar y marcharse”. Como investigadora siempre me ha fascinado la manera en la que las personas matriarcales hacen funcionar la economía de equilibrio, de modo que he podido descubrir sus reglas. Aplican un sistema determinado de hacer circular los bienes como regalos que no admite acaparar o acumularlos. De esto no se exceptúa ningún tipo de bienes, ni los productos agrícolas o artesanales, ni las mercancías o el dinero que los hombres matriarcales ganan hoy en día con trabajos ocasionales fuera de su propia sociedad. Tradicionalmente la economía matriarcal es libre de dinero porque no le hace falta. 

Acerca de la economía interna de los clanes

 Todos los bienes adquiridos por los miembros del clan se entregan a la matriarca del clan. Al juntarlos en un lugar se garantiza la visión sobre el conjunto. Pero no por eso son propiedad de la matriarca, sino que ella solamente los administra, repartiéndolos a partes iguales y justamente entre todos los miembros del clan. Los excedentes son reservados para gastos especiales, después de deliberarlo comúnmente en el consejo del clan. La matriarca como primera persona de confianza es, por decirlo así, la oficina de coordinación económica. Para ilustrarlo cuento la anécdota verídica de un hombre matriarcal que ganaba dinero como jornalero fuera de su región materna. Sus compañeros de trabajo le preguntaron con desprecio: -¡Qué es eso! ¿Entregas todo tu dinero a tu madre? – Y él contestó, sorprendido: - De no ser así, ¿a quién se lo entrego? – Esta anécdota demuestra que él consideraba “su” dinero como el bien de todo el clan. 

Acerca de la economía entre los clanes

A causa de los diferentes rendimientos en la cosecha o de la suerte en el comercio puede darse cierto desnivel económico entre los clanes de una aldea o una ciudad en el transcurso del año. Es interesante ver cómo manejan esto en la población: Siguen el principio según el cual todos los bienes y excedentes circulan como obsequios voluntarios en la aldea, de modo que no pueden ser acaparados. La circulación obedece a unas reglas determinadas que, a su vez, están vinculadas a sus fiestas espirituales, que son el centro de su vida. Las fiestas son el motor de su economía de equilibrio. En las frecuentes fiestas estacionales, que son fiestas populares, se celebra con gran alegría, se baila y todo se acompaña de buena comida y bebida, pues nada debe faltar. Los clanes favorecidos por la suerte aportan la mayor parte a estas fiestas al invitar a comer y beber a todos los miembros de la aldea, de la pequeña ciudad o del barrio en una ciudad más grande. Esto va por turnos, cada vez es el clan mejor asentado el que convierte sus bienes en regalos para los demás. Al final de la fiesta, el bienestar de este clan se ha nivelado.
En las fiestas del ciclo vital de un clan es normal que el clan en cuestión organice la fiesta para toda la comunidad y gaste todo lo que pueda. Las fiestas del ciclo vital, sin embargo, también tienen lugar en clanes menos ricos. En caso de que un clan pobre celebre tal fiesta, los clanes de mejor posición le ayudan con donaciones de bienes y dinero, en relación directa con su riqueza: Quien tiene más, da más, quien tiene menos, da menos. De esta manera se produce un equilibrio al hacer circular los bienes como regalos.6 En una sociedad matriarcal es imposible, gracias a tales reglas, ganar bienes y dinero a través de la influencia política. Más bien ocurre lo contrario: Quien ocupa un cargo político, empobrece. Pues existe la norma que el clan que, por ejemplo, presenta al jefe de la aldea como delegado hacia afuera tiene que distinguirse organizando fiestas para toda la aldea. Después de un período relativamente corto de tiempo se ha agotado económicamente, y entonces eligen al jefe de aldea en otro clan hasta que éste también haya apurado sus recursos. En la cultura tradicional de los hopi en Arizona al preguntar por su “jefe” siempre contestaban que se buscara a aquel de apariencia más pobre, éste sería el jefe. Y en el pueblo de los arawak en América del Sur es habitual que el jefe trabaje más que el resto cuando talan el bosque, mientras que sus compañeros de aldea están allí y le miran. 

Acerca de la economía entre las aldeas 

Las mismas reglas de la economía de equilibrio valen también en el nivel regional entre las aldeas, y entran en funcionamiento cuando las aldeas participan en una gran fiesta regional. También los gastos principales para las fiestas corren a cargo de aquellos clanes de las diferentes aldeas que en ese momento son más ricos. De todo esto se desprende que la economía de equilibrio es una economía de fiestas, y la economía de fiestas es una economía del regalo. Los clanes que regalan no esperan recibir lo mismo en la próxima fiesta, sino que los obsequios salen del corazón. No se trata de un “intercambio” equivalente, pues de lo contrario no funcionaría la economía matriarcal como economía de equilibrio con nivelación permanente entre sus miembros. Esta economía del regalo, sin embargo, no es casual ni arbitraria, que pasaría fácilmente si personas individuales se regalasen mutuamente unos bienes. No tiene lugar entre individuos, sino entre clanes, y sigue las reglas de la economía de fiestas, que todos conocen. Por eso, la economía del regalo es viable y realista, pues se produce en un circuito cerrado. En los matriarcados, el equivalente de los bienes cedidos no es la devolución con intereses –que es el proceso contrario y explotador de la “realización del capital” patriarcal- sino el honor. “Honor” significa aprecio social que se mide en función del cuidado por la comunidad. Este reconocimiento social es un factor ideal, que, además, tiene una faceta muy práctica. En el caso de que un clan reconocido pasara tiempos difíciles a causa de circunstancias adversas, todos los clanes le ayudarían. Una matriarca de los tuareg tradicionales del Sahara lo expresó diciendo que ser “rico” o “pobre” no son más que estados cambiantes que cada clan vive sucesivamente en el transcurso de su historia. Por eso ella no teme para sí misma o los suyos los años de sequía en los cuales sus rebaños de ovejas o de cabras se mueren de sed. Si padeciesen eso, los otros clanes, que a pesar de vivir muy dispersos, son sus vecinos, les regalarían la “leche viva”, es decir partes de sus propios rebaños de ovejas y cabras. En la ciudad en cambio, la gente sin dinero está desamparada, porque allí cada uno lo posee individualmente. La economía de equilibrio matriarcal sobre la base de regalos se manifiesta de este modo como un confiable sistema de ayuda mutua. Si intervienen el dinero o símbolos semejantes al dinero (como por ejemplo los cauris o las hojas de banano en el caso de los trobriandeses de Melanesia), entonces no juegan ningún papel distinto a los demás bienes de cambio o de regalo. Por eso, en una sociedad de este tipo no es posible la formación de capital con todas sus consecuencias egoístas y desastrosas para la comunidad. Imaginemos ahora, en un ejercicio mental, estos modelos de economía matriarcal traducidos a las actuales comunidades creativas - ¿qué provocarían? A lo mejor pueden dar un impulso para solucionar el frecuente dilema: ¿caja común o dinero individual para cada uno? Aquí, por supuesto, hay muchas formas intermedias que son, no obstante, más o menos casuales. El grupo básico para la formación de la economía matriarcal en las nuevas comunidades también sería el clan, en el sentido del matri-clan de afinidad electiva de “hermanas” y “hermanos”, elegidos como compañeros espirituales. 

Hoy: Acerca de la economía interna de los clanes simbólicos

 En un matri-clan de afinidad electiva existiría el mismo grado de confianza que en los clanes consanguíneos y funcionaría además como un grupo de cooperación de trabajo, si es posible. Es más grande que la familia nuclear tardo-burguesa y más pequeña que toda la comunidad y se compone de un número manejable de diez a veinte personas aproximadamente. Esto es importante en cuanto a los asuntos económicos, porque importa mantener la transparencia. Supongamos que los miembros del clan ya han elegido, de entre el grupo de los mayores, a la matriarca (“Gran madre”) y al sachem (“jefe de paz”), que representan al clan hacia fuera. Estos son igualmente la instancia económica dentro del clan, pues se les entrega la fortuna del clan, consistente en bienes y dinero. Esto es un honor personal para ellos, y por consiguiente tienen la obligación de repartir justamente los bienes de primera necesidad entre todos los miembros del clan. Exactamente esta responsabilidad personal en el manejo de los bienes y del dinero pesa más y crea otras formas que en el caso de un “tesorero” impersonal e intercambiable como existe en las asociaciones. Sin embargo, ni la matriarca ni el sachem deciden cómo se utiliza el tesoro del clan, sino el consejo, integrado por todos los miembros del clan. El consejo del clan decide una vez al año la suma, a partes iguales, que se entrega continuadamente a todos y cada uno para la vida cotidiana. Asimismo decide caso por caso los gastos especiales. La matriarca y el sachem actúan en el consejo como asesores, pero en la toma de decisiones sólo tienen un voto, como todos los miembros del clan. El tamaño del consejo es manejable, lo que asegura la transparencia. Problemas que normalmente se discuten apasionadamente, ya no tienen importancia: Imaginemos, por ejemplo, la situación de que un miembro masculino del clan que gana bien “afuera, en el patriarcado” ingresaría al tesoro del clan más que otros miembros - ¿no es injusto? No, pues él obtiene a cambio gran honor, al mostrar un elevado grado de comportamiento pro-social. Además, la cercanía de las “hermanas y de los “hermanos”, su protección y su amor no se pueden pagar a ningún precio, pues estos bienes son tan valiosos que no se pueden comprar “afuera, en el patriarcado” ni con muchísimo dinero. También se resolvería otro problema típicamente patriarcal:
Tampoco importa si, por ejemplo, una mujer con niños pequeños no puede ingresar nada a la caja del clan temporalmente. Ella en cambio regala un bien de inestimable valor, que es la vida joven, dando a todos la posibilidad de tener “hijos” y facilitando de este modo al clan y a la comunidad una perspectiva de futuro. Si se maneja así, el dinero pierde su falso nimbo. Al mismo tiempo se elimina para siempre la injusticia extendida del trabajo bien remunerado de los hombres en profesiones de prestigio y del trabajo infravalorado de las mujeres en profesiones malditas, peor todavía: del trabajo no pagado de las madres. 

4-Pasos hacia un modelo matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


La relación entre las generaciones 

Igual que las sociedades matriarcales no conocen la “lucha de los sexos”, desconocen también la “guerra entre las generaciones”. No hay rebelión de los hijos contra sus padres, pues ésta significa una toma de poder patriarcal. Tampoco existe la competencia de las hijas contra sus madres, pues en ella importa el hombre, a través del cual se puede conseguir una pequeña parte del poder patriarcal. El abandono de los niños, igual que el aislamiento y la relegación de los mayores, no son tampoco rasgos de las sociedades matriarcales. 
En la estructura del matri-clan, cada persona está integrada y es mantenida de manera igual, independientemente de sus capacidades y sus fuerzas, y cada generación tiene su propia función social. Los niños son considerados como los antepasados reencarnados y por eso son sagrados. En la generación joven (aproximadamente de 20 a 40) la función social de las mujeres es el amor, la creatividad y la maternidad, aunque no hace falta que cada mujer sea madre, pues las hermanas practican la maternidad conjunta. La función de los jóvenes hombres es también el amor y la protección de las hermanas y los hijos de éstas. En la generación de los mayores (aproximadamente de 40 a 60), la función social de las mujeres es ocuparse del clan y dirigirlo, lo que comparten las hermanas con la matriarca expresamente elegida. La función de los hombres mayores es representar al clan hacia fuera como delegados y protegerlo en sentido político. En la generación de los más mayores (a partir de los 60), la función de las mujeres y hombres es venerar a los antepasados, guardar las tradiciones y transmitirlas a los más jóvenes, además, aconsejar a las matriarcas y los representantes del clan mediante el consejo de los ancianos. Ya que cada uno de estos cometidos o funciones es distinto – correspondiente a las diferencias de generación y sexo – no existe competencia entre las generaciones. Ninguna generación se ve obligada a quitarle algo a la otra, pues en el transcurso de su vida, cada mujer y cada hombre llega a ejercer las funciones correspondientes. Sólo es cuestión de tiempo y de las diferentes etapas de la vida. La expresión más bonita de este equilibrio entre las generaciones se da en las fiestas del ciclo vital, en las cuales se celebran las funciones y cometidos sociales de cada edad, incluido el sexo, en el nivel espiritual. 

Hoy: Matri-clanes simbólicos 

Muchos problemas del mundo occidental surgen de la atomización de la sociedad, que significa para las personas una individualización extrema, aislamiento y abandono social. Este modo de vivir ya no tiene futuro, por eso se hace muy importante formar comunidades nuevas y desarrollarlas. Éstas ya no siguen el principio de la consanguinidad, sino de la afinidad electiva, y forman matri-clanes simbólicos. La forma de organización consanguínea se encuentra hoy día en un estado de descomposición, después de haberse desfigurado históricamente en la familia extensa patriarcal y, más tarde, en la familia nuclear burguesa, con una profunda desigualdad de los géneros. La afinidad electiva, sin embargo, se determina por contenidos mentales, por lo que se podría llamar “parentesco espiritual”. Es más abierta que el parentesco por consanguinidad, pues no ata desde el nacimiento, sino que permite la libertad de elección intelectual. Sin embargo, es más vinculante que las comunidades de intereses con fines específicos, que surgen tan deprisa como vuelven a desaparecer. La afinidad electiva incluye una relación duradera con la obligación mutua de prestar ayuda, lo que sigue el modelo del clan consanguíneo. Por supuesto la afinidad electiva es un concepto muy general y no basta para formar una nueva comunidad matriarcal o reproducirla. Hay que añadir una forma organizadora que cimiente o describa la tendencia matriarcal igualitaria latente. Esta forma es el matri-clan de afinidad electiva o el “matri-clan simbólico”. Una comunidad actual se podría entender como un único matri-clan, o se podría dividir en diversos matri-clanes de aproximadamente diez a veinte personas, dependiendo de su tamaño. Al carecer de relaciones de consanguinidad, ¿según qué principio se forma un matri-clan? Lo que se mantiene en las nuevas comunidades es el hecho de que siguen siendo las mujeres las que dan la joven vida. Ellas forman como madre e hijo el grupo social elemental. Sin ellas no existiría la nueva generación, ni en las comunidades ni en la sociedad, y por consiguiente tampoco habría futuro. Las mujeres con hijos no sólo se ocupan de sí mismos, sino también de otros, y aquí está el principio de la constitución de un clan. Por eso son el centro desde el cual se forma el matri-clan simbólico, que se basa en la afinidad electiva.

 La formación de un matri-clan simbólico 

Hago aquí, brevemente, un boceto general de cómo se lleva a cabo eso: Al principio, una mujer (dos, tres mujeres) con hijos elige a sus “hermanas”, es decir, a algunas mujeres sin hijos que quieren compartir con ella la maternidad. Para los niños, todas estas mujeres se llaman “madre”, y para las mujeres todos estos niños son “hijos”. Como el grupo de hermanas es limitado, ofrece a los niños la proximidad e intimidad necesarias. De esta manera, todas las mujeres tienen “hijos”, y a la vez, cada una de ellas – también la madre biológica – tiene tiempo suficiente para desarrollar sus capacidades profesionales ya que comparten el cuidado de los niños. A lo mejor este grupo de hermanas encuentra un lindo nombre para su clan nuclear de afinidad electiva. En el paso siguiente estas “madres” eligen a los hombres que deben y quieren ser sus “hermanos” y los invitan a venir al clan. Estos “hermanos” no son los amantes, sino hombres que tienen la confianza del grupo de mujeres porque poseen muchas habilidades pro-sociales. Comparten ahora con las mujeres el cuidado de los niños, así que para cada miembro del clan de afinidad electiva aumenta el margen de maniobra para ejercer la profesión. Las “hermanas” y los “hermanos” forman un grupo de cooperación también respecto a su trabajo, en la medida de lo posible. De este modo, también todos los hombres tienen “hijos”, y surgen compromisos comunes. Es un principio de equilibrio que todas las personas en la comunidad sin excepción colaboran en el cuidado de los niños, pues cada persona ha recibido este cuidado en su infancia. Existe por consiguiente cierta obligación ética de ofrecer este servicio a otros. De este modo, la maternidad y la paternidad individuales, donde toda la obligación recae sobre algunos, son superados, al igual que la familia nuclear, sin que los niños tengan que vivir en un colectivo impersonal. Al mismo tiempo, se liquida el reparto de papeles patriarcal, según el cual las mujeres, siendo madres, tienen que cuidar de los demás. En nuestra sociedad ni siquiera son estimadas por eso, sino se desprecian porque hacen (deben hacer) un trabajo no remunerado. Guardería y jardín infantil son sólo un pequeño consuelo para una equivocación social de base. En el modelo del matri-clan simbólico la situación es diferente: La maternidad y las cualidades maternales son apreciadas, pues el comportamiento pro-social representa la norma para todos. Por eso, la formación del clan de afinidad electiva parte de las madres. Las mujeres, no obstante, no están limitadas a seguir este comportamiento supuestamente “femenino” y no son nuevamente relegadas a un rincón, aunque esté revalorizado. En el matri-clan está prevista la mayor justicia: Todas las personas participan en el cuidado de los niños. Al mismo tiempo, todos pueden disfrutar de las positivas experiencias emocionales y sociales relacionadas con esta tarea. Y todos tienen igualmente la posibilidad de desarrollar sus capacidades profesionales o de otro tipo. Al mismo tiempo, los niños están estupendamente integrados, pues tienen múltiples personas concretas de referencia. 

Matri-clanes simbólicos y relaciones amorosas

 De esta manera, en una comunidad pueden formarse varios matri-clanes simbólicos. Dentro de ellos, los miembros tienen la mayor confianza en los demás y se ofrecen mutuamente ayuda y seguridad, igual que una “hermana” y un “hermano” en el sentido ideal. No son tan estrechos como una familia nuclear, pero tampoco tan amplios como toda la comunidad. Tienen exactamente el tamaño idóneo para solucionar problemas sociales y psicológicos. Las relaciones amorosas en cambio tienen lugar entre los clanes, no dentro de ellos. Pues el amor mantiene su espontaneidad y su libertad más fácilmente si no está cargado con obligaciones. Asimismo, es problemático fundar en sentimientos y relaciones cambiantes un grupo estable que, además, tiene que proteger a los niños. Por eso, la estructura del matri-clan de afinidad electiva soluciona dos necesidades básicas de las personas, la de libertad en el amor y la de seguridad personal y recogimiento. En sociedades patriarcales no ha habido nunca soluciones para esto, sino solamente represiones. En las nuevas comunidades se podría aclarar, de este modo, la pregunta de si el amor debe de ser un asunto “privado” o una cuestión de la comunidad entera. La solución está en lo tercero, en el clan de afinidad electiva, donde el grupo de las “hermanas” y los “hermanos” aconseja, ayuda y ofrece seguridad. De ninguna manera se deduce de este modelo que las relaciones amorosas son solamente superficiales y cortas porque los amantes no viven y trabajan juntos. El hecho de que no viven en el mismo clan puede aliviar la situación en el caso de separación. Independientemente de esto, nada se opone a relaciones duraderas, todo lo contrario: Se pueden profundizar justamente porque no son mezcladas con las obligaciones cotidianas, sino que se pueden dedicar, libres de toda preocupación, a la belleza y espiritualidad del erotismo. Tampoco se desgastan tan deprisa porque el encuentro no es normal y banal, sino que cada encuentro se vive como algo especial. 

Las generaciones en el matri-clan simbólico

 Igual que las jóvenes madres han elegido a sus “hermanas” y “hermanos” y han formado de este modo el clan de afinidad electiva de dos generaciones, se amplifica a tres (o más) generaciones. Eligen a sus “hermanas mayores” y a sus “hermanos mayores” de entre los miembros de más edad de la comunidad. Estas mujeres y hombres mayores son consejeros/as y ayudantes muy importantes tanto para las distintas personas como para el clan en su conjunto, dadas sus vastas experiencias vitales. Además, todos los miembros del clan pueden elegir de entre este grupo a una matriarca (“Gran Madre”) y un sachem (“jefe de paz”) que representan al clan hacia fuera. Cuando todos los clanes de la comunidad se reúnen en la gran asamblea en la plaza mayor o en el ayuntamiento, son ellos quienes actúan como portavoces de sus respectivos clanes. De este grupo de los mayores se eligen también aquellos que forman el consejo de los sabios, pero esta vez lo hace toda la comunidad. Este consejo sirve a la comunidad en sus asuntos y, además, se le puede encargar la representación de la comunidad hacia fuera. Ya que los matri-clanes se basan en la elección, su estructura no es inmutable. Cada elección puede ser sustituida por otra nueva, no hay obligación de quedarse siempre con el mismo cargo ni de permanecer juntos. Se mantiene lo que da buenos resultados, y, aparte de eso, hay que tener en cuenta que cambian las fases de la vida de las distintas personas. Cada nueva elección, sin embargo, requiere la misma seriedad como la elección que ha constituido el clan para que no se produzcan caprichos ni el caos individual. Sería útil convenir un tiempo determinado para la convivencia y contraer así un compromiso de dos o más años. De todos modos, un matri-clan debería reflexionar y comprobar toda su estructura cada año y luego renovarla expresamente. Esto es la ocasión para una bonita fiesta anual, celebrando el gran trabajo innovador y social que todos aportan. 

3-Pasos hacia un modelo matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


1. El orden social matriarcal Es a causa de las características específicas de su orden social, que las sociedades no-patriarcales se llaman “matriarcales”. Estas características son para nosotros muy explosivas, ya que hemos interiorizado los modelos sociales patriarcales como una segunda naturaleza nuestra. De ninguna manera, sin embargo, confirman los prejuicios según los cuales en los matriarcados “mandan las mujeres” o que, incluso, “ejercen el poder”. Jamás, ninguna de las investigadoras de matriarcados serias lo ha afirmado así. Semejantes prejuicios no reflejan sino los modelos patriarcales que, banalmente invertidos, son atribuidos a las mujeres. Quien lo sostiene, muestra claramente que las ideas de jerarquía y poder ocupan y deforman por completo su modo de pensar, así que ya no es capaz de imaginarse unas formas de vida igualitarias, como las que se dan en los matriarcados. Tampoco hay que escandalizarse con el concepto de “matri-arcado”, pues no es, en contra de la apariencia, el paralelo al concepto de “patri-arcado”. La palabra “arche” significa en griego tanto “poder” como “principio”, siendo el segundo significado el más antiguo. Tenemos que traducir claramente “patriarcado” como el “poder de los padres”, mientras que “matriarcado” significa “al principio las madres”. Y con esto acertamos. Por un lado, los matriarcados aparecen sensiblemente antes en la historia que los patriarcados. Por otro, respetan que las madres son el principio de cada ser vivo y han transformado este hecho natural en un sistema cultural. El significado de la línea materna Es característico para una estructura matriarcal que el parentesco se determina por la línea materna, es decir que vale “el orden simbólico de la madre”.La razón para eso no es que los hombres fueran tan primitivos que desconocieran la paternidad (jerga de los misioneros). La paternidad se conocía parcialmente, pero no era importante, porque no representaba el principio que daba forma a la sociedad. En parte se desconocía a causa de las relaciones múltiples en la vida amorosa, pues en estas condiciones no se puede determinar la paternidad, mientras que la maternidad es evidente por el parto. La línea materna o matrilinealidad es un principio fundamental, pues según él se forman las comunidades de parentesco sanguíneo de los clanes, que son el mundo social de las personas matriarcales. No solamente el nombre del clan, sino también las funciónes sociales y los títulos políticos se heredan en el clan por la línea materna. Un matri-clan convive en una gran casa del clan. En ella viven la madre del clan y sus hermanas, las hijas y las nietas de ellas, así como también los hombres directamente emparentados: los hermanos, los hijos y los nietos de la madre del clan y de sus hermanas. Las mujeres viven permanentemente allí, y no abandonan nunca la casa del clan maternal cuando se casan. Esto se llama matrilocalidad. Cada matri-clan en una aldea o en una ciudad es una unidad económica autárquica. Para lograr que estas comunidades autárquicas formen una estructura social con los otros clanes del lugar, se desarrollaron complejas reglas de casamiento. Existe la de casamiento recíproco entre dos clanes, en combinación con cierta forma de libre elección en los otros clanes. “Casamiento” no se debe entender como monogamia de por vida – esta forma se desconoce en los matriarcados – sino que el matrimonio dura más bien poco tiempo. No es más que una relación amorosa que se mantiene durante algunas semanas, algunos meses o algunos años. El efecto de las reglas de casamiento, sin embargo, es que todos los habitantes de la aldea o de la ciudad están emparentados los unos con los otros, de forma más o menos próxima, por nacimiento o por casamiento. Esto es un efecto deseado, pues de tal manera cada población construye un sistema extendido de parentesco matrilineal, que tiene su sentido en un sistema de ayuda mutua. De este modo se crea una sociedad de parentesco igualitaria, horizontal y no-jerárquica, que se entiende como un clan ampliado, con todas las obligaciones de la ayuda mutua. Extendido al nivel regional, se trata del principio de la matrilínea simbólica. En todas las aldeas y ciudades de la región hay clanes con el mismo nombre de clan, lo que se ha establecido adrede. Cuando una persona de un clan determinado llega en su peregrinaje, su viaje comercial o amistoso a otra aldea en la que existe un clan con su nombre, entonces éste la recibe como una hermana o un hermano, aunque ya no hay relación de consanguinidad. De esta manera, una región entera se une a través del parentesco simbólico con sus obligaciones de ayuda, un principio que a veces se utiliza incluso entre varias tribus. En este sentido, la matrilinealidad es el principio que da la forma a toda la sociedad.

La relación entre los sexos

Las mujeres no abandonan nunca la casa maternal del clan y con esto su seguridad económica y social. Precisamente la seguridad que les da el clan matrilineal les permite la libre elección del amor. Pues no dependen de un hombre como sustentador, como es el caso de la familia nuclear de la burguesía patriarcal. Cuando se separan de su pareja, no tienen que preocuparse de si van a empobrecer o sus hijos perderán su hogar o su padre. Incluso en el caso de varios matrimonios o relaciones amorosas, el propio clan sigue siendo su hogar permanente. Y como los niños son cuidados siempre por todos los miembros del clan, ellos tampoco pierden a su persona de referencia estable, ni a su “padre social”, que es el hermano de la madre. Con eso llego al papel que juega el hombre en el matri-clan: los hombres jóvenes abandonan la casa de la madre cuando se casan o establecen una relación amorosa. Pero no tienen que ir muy lejos para encontrarse con su amante o esposa, pues ésta vive en un clan vecino y le ha invitado a su habitación. Los hombres no se quedan mucho tiempo fuera de la casa de su madre, sólo desde el atardecer hasta la madrugada. Esta clásica forma matriarcal se llama matrimonio de visita, es una forma muy abierta y limitada a la noche. Es decir, los hombres matriarcales no viven con sus esposas o amantes, sino son solamente invitados en las casas de éstas. Su domicilio es la casa de su madre, en la cual tienen los derechos y las obligaciones de un miembro pleno de clan, pues aquí viven y trabajan. Los hijos de las esposas y amantes pertenecen a la casa del clan de éstas, puesto que llevan el nombre de clan de su madre. Los hombres no consideran “hijos” a estos niños porque no llevan el mismo nombre de clan que ellos. En cambio, los hijos de sus hermanas tienen el mismo nombre que ellos, por eso los hombres consideran a las sobrinas y los sobrinos como “sus hijos”, participan en su cuidado y comparten la responsabilidad educativa. En este sentido, los hombres tienen el papel de “padre social” respecto a los hijos de sus hermanas.
Los dos sexos tienen cada uno su propia función social, cada una muy estimada. No hay ninguna degradación de un sexo por debajo del otro. Como consecuencia, ni hay una asimilación del sexo inferior al dominante, tal como lo vemos hoy en el mundo occidental donde las mujeres, voluntaria o forzadamente, se asimilan a los hombres. En el matriarcado ambos géneros poseen su propia esfera, que comprende diferentes elementos económicos, sociales y espirituales. Estas esferas se refieren recíprocamente unas a otras, en cada una de sus partes, siguiendo el principio del equilibrio, así que no puede surgir ningún poder sobre los demás. La veneración general de la mujer en el matriarcado no invalida este principio ya que no tiene que ver con ella como individuo sino en general como reparturienta de las antepasadas o los antepasados, como creadora de la línea materna y, con eso, de toda la sociedad

sábado, 22 de septiembre de 2018

2- El camino hacia una sociedad igualitaria - Principios y práctica de la política matriarcal-Heide Goettner-Abendroth


Sugerencias para una sociedad nueva 

Sobre esta base quiero formular algunas sugerencias para una sociedad nueva, que serán desarrolladas en los siguientes capítulos. Para seguir el camino hacia la sociedad igualitaria será necesario combinar espiritualidad y política matriarcales para llegar a una economía y un orden social diferentes. Las sociedades matriarcales nos enseñan cómo puede ser posible. En ellas, la economía, la política, el orden social y la espiritualidad están entrelazados inseparablemente para facilitarles a todos una vida buena – su sistema de reglas lo garantiza. Por supuesto, hoy no podemos adoptar los modelos del pasado, como por ejemplo los clanes consanguíneos o la economía exclusivamente agrícola. Pues la historia y el desarrollo social no se pueden girar hacia atrás. Pero los modelos de las sociedades igualitarias, probados durante milenios, nos pueden proporcionar múltiples sugerencias para nuestro camino hacia una nueva sociedad igualitaria. 
En el nivel económico ya no es posible mantener el crecimiento de las grandes industrias o del nivel de vida, a riesgo de destrozar completamente la esfera biológica de la tierra. Aquí, la alternativa se da en la perspectiva de subsistencia como forma económica de unidades pequeñas y regionales.
Éstas trabajan para satisfacer las propias necesidades, de forma autárquica, anteponiendo indiscutiblemente la calidad de vida a la cantidad. A escala mundial hace falta consolidar y amplificar las estructuras de la economía de subsistencia que todavía existen y en las cuales suelen trabajar las mujeres; de ninguna manera pueden ser sacrificadas a la globalización económica de las multinacionales. La regionalización a favor de las mujeres es un principio matriarcal.
En el nivel social se trata de salir de la atomización de la sociedad, que lleva al ser humano cada vez más al aislamiento y al abandono, lo enferma y lo hace destructivo. Pues esto es el caldo de cultivo para la violencia y la guerra. Hace falta la formación de comunidades de afinidad electiva de diferentes tipos, sean éstas comunidades para vivir juntos, comunidades de vecindario o estructuras de redes. Las afinidades electivas, sin embargo, no se forman desde meras comunidades de intereses, porque estos grupos desaparecen tan deprisa como surgen. Una afinidad electiva, en cambio, sólo se genera sobre el fundamento de una coincidencia espiritual, y a través de ella se forma un clan simbólico, que une más que un mero grupo de intereses. 
El principio matriarcal de este modelo social consiste en el hecho de que son las mujeres quienes inician, sostienen y dirigen estos clanes de afinidad electiva, algo que actualmente las mujeres pueden empezar a hacer en cualquier lugar, y que de hecho ya están haciendo. La motivación son las necesidades de mujeres y niños, que son el futuro de la humanidad, y no los deseos de poder y potencia de los hombres. Éstos han llevado a las familias extensas patriarcales y a las sociedades secretas políticas de hombres, que oprimen y excluyen a las mujeres. En los nuevos matri-clanes, sin embargo, las mujeres integran a los hombres plenamente, pero según otro sistema de valores, que es el cuidado mutuo y el amor, en lugar del poder. De esta forma, también los hombres viven mejor que en el patriarcado.
 En el nivel de la toma de decisiones políticas el principio matriarcal de consenso es imprescindible para una sociedad igualitaria. Este principio puede ser practicado ya mismo y en todos los sitios. Es el principio fundamental que genera los impulsos para formar comunidades matriarcales, y al mismo tiempo impide que individuos o grupos empiecen a ejercer el poder en los nuevos clanes simbólicos. Establece el equilibrio entre mujeres y hombres, y también entre las generaciones, pues permite tanto a las personas mayores como a los jóvenes expresar plenamente sus ideas. Además, es el verdadero principio democrático, puesto que realiza lo que la democracia formal promete sin cumplirlo. Según este principio, las pequeñas unidades de los nuevos matri-clanes toman las decisiones. No obstante, este sistema sólo se puede extender hasta unidades que en su tamaño no superen las regiones. De todos modos, la meta política, según la perspectiva de subsistencia, son las florecientes regiones autárquicas y no las grandes unidades como las naciones, las uniones de estados o las superpotencias, que solamente aumentan el poder de los que ya dominan, al mismo tiempo que degradan a los individuos convirtiéndolos en “material humano”, “capital humano” o en meros números. 
En el nivel espiritual-cultural no hay otra solución que despedirse de todas las religiones jerárquicas con el concepto de un dios transcendental y con pretensión de poseer la verdad absoluta, religiones que han despreciado profundamente al mundo, a la tierra, a las personas y especialmente a las mujeres. En lugar de eso hace falta una nueva consagración del mundo según el imaginario matriarcal de que el mundo entero es divino, con todo lo que hay en él. Esto nos lleva a honrar y celebrar todo de una manera creativa y libre: a la naturaleza con todas sus manifestaciones y seres y a la organización de las comunidades humanas. Esto último se realiza honrando y celebrando una vez a las mujeres, otra vez a los hombres, en otra ocasión a los ancianos o a los niños con sus respectivas facultades, que forman su “dignidad” específica, su función social. Además, cada paso que damos en el camino hacia una nueva sociedad igualitaria merece una fiesta. Pues cada uno de estos pasos forma un fragmento de la nueva historia femenina, que podría darle al mundo un ejemplo de cómo la humanidad entera puede vivir mejor.
 De esta manera, la espiritualidad matriarcal penetra todas las cosas y volverá a formar parte habitual de cada día. Al mismo tiempo se puede apreciar en ella el principio de la tolerancia matriarcal, pues nadie está obligado en “creer” en algo. No se trata de ningún dogma o doctrina basados en “libros sagrados”, sino de una celebración permanente y diversa de la vida y del mundo visible. 
En este sentido, el camino hacia la sociedad igualitaria tiene que ser integral sin difuminarse. Tiene que ser siempre concreto, sin perderse en detalles incoherentes. La visión que abarca todas estas características la denomino modelo matriarcal. Un modelo no implica ninguna obligación a seguirlo, pues sólo en las relaciones de poder los modelos son impuestos por la fuerza. En la comunicación libre, un modelo representa una idea clara y puede aceptarse voluntariamente como guía práctica para un futuro mejor, integrando diferentes objetivos y acciones alternativos.
 En mi opinión, los actuales movimientos alternativos dan muchos pasos que tienden implícitamente hacia el modelo matriarcal que aquí se propone. Estos movimientos se extienden rápidamente desde abajo, en escala mundial:

- los diferentes movimientos sociales
- los movimientos ecologistas 
- los diversos movimientos pacifistas
- los diferentes movimientos feministas 
- los movimientos de los pueblos indígenas
- los movimientos cívicos 
- los movimientos de comunidades 

Todos ellos contienen elementos diferentes de modelos matriarcales tanto tradicionales como nuevos y creativos, en parte inconscientes, en parte conscientes. Los modelos tradicionales ya existen y se reinterpretan. Los modelos nuevos se suelen encontrar al practicarlos y a veces se formulan como ideas conductoras. En este sentido, las personas que participan en aquellos movimientos ya se encuentran en el camino hacia una nueva sociedad matriarcal, justa y pacífica.
 En mis siguientes contribuciones quiero presentar el modelo matriarcal paso a paso en cada uno de estos niveles y explicarlo más detalladamente. Para eso hace falta una cuidadosa y cautelosa reflexión de transposición de los modelos matriarcales a las condiciones actuales. No los podemos copiar simplemente, pues la historia y el desarrollo social no se pueden girar hacia atrás. 
Pero podemos sacar diversas inspiraciones de la gran inteligencia social que se encuentra en estos modelos para aprovecharla para nuestra propia imaginación, formando y desarrollando elementos nuevos para una nueva sociedad matriarcal, es decir igualitaria. 

8-La práctica política matriarcal-Heide Goettner-Abendroth

Hoy: Política matriarcal en las nuevas comunidades  Una nueva comunidad puede ser considerada como aldea simbólica – en algunos casos f...